Historia

El Comité de Redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos
Estaba integrado por 18 miembros de diversas formaciones políticas, culturales y religiosas. Eleanor Roosevelt, viuda de Franklin D. Roosevelt, Presidente de los Estados Unidos, presidió el Comité de Redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Junto a ella estaban René Bassin, de Francia, quien redactó el primer proyecto de la Declaración, el Relator de la Comisión, Charles Malik, del Líbano, el Vicepresidente, Peng Chung Chang, de China, y el Director de la División de Derechos Humanos de Naciones Unidas, John Humphrey, del Canadá. Pero todos reconocían que Eleanor Roosevelt era la impulsora de la aprobación de la Declaración.

La Comisión se reunió por primera vez en 1947. El primer proyecto de la Declaración se propuso en septiembre de 1948 y más de 50 Estados Miembros participaron en la redacción final. En su resolución 217 A (III), del 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General, reunida en París, aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Ocho naciones se abstuvieron de votar, pero ninguna votó en contra. Hernán Santa Cruz, de Chile, miembro de la Subcomisión de redacción, escribió: “Percibí con claridad que estaba participando en un evento histórico verdaderamente significativo, donde se había alcanzado un consenso con respecto al valor supremo de la persona humana, un valor que no se originó en la decisión de un poder temporal, sino en el hecho mismo de existir – lo que dio origen al derecho inalienable de vivir sin privaciones ni opresión, y a desarrollar completamente la propia personalidad. En el Gran Salón... había una atmósfera de solidaridad y hermandad genuinas entre hombres y mujeres de todas las latitudes, la cual no he vuelto a ver en ningún escenario internacional”.

El texto completo de la Declaración Universal de Derechos Humanos fue elaborado en menos de dos años. En un momento en que el mundo estaba dividido en un bloque oriental y otro occidental, encontrar un terreno común respecto de lo que sería la esencia del documento resultó ser una tarea colosal.

La Declaración Universal de Derechos Humanos: un Documento Vivo
La Declaración, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, cuenta con un preámbulo y 30 artículos, que establecen una amplia gama de derechos humanos y libertades fundamentales para todos los hombres y mujeres, independientemente del lugar donde vivan y sin distinción de ningún tipo.

Es el cimiento de las normas internacionales de derechos humanos, la primera declaración universal sobre los principios básicos de los derechos humanos inalienables, y un ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse. Cuando se acerca el 60º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, es oportuno destacar la pertinencia actual del documento, su universalidad, y su relación con todo lo que somos. Hoy la Declaración Universal de Derechos Humanos es más pertinente que nunca.

Universalidad
La Declaración Universal fue el primer instrumento que reconoció lo que en la actualidad han pasado a ser valores universales: los derechos humanos son inherentes a todos y conciernen a la comunidad internacional en su totalidad. La Declaración y sus valores básicos, incluidos la no discriminación, la igualdad, la equidad y la universalidad, se aplican a todas las personas, en todos los lugares y en todo momento. La Declaración Universal nos pertenece a todos.

En un mundo amenazado por las divisiones raciales, económicas y religiosas, tenemos que defender y proclamar, más que nunca, los principios universales de justicia, equidad e igualdad, consagrados primeramente en la Declaración y considerados sumamente importantes por pueblos de todas las latitudes.

Pertinencia actual
La Declaración representa un contrato entre los gobiernos y sus pueblos, quienes tienen derecho a exigir que ese se respete este documento. No todos los gobiernos han pasado a ser partes en todos los tratados de derechos humanos. Sin embargo, todos los países han aceptado la Declaración Universal. Ésta sigue afirmando la integridad y el valor inherentes del ser humano para todas las personas del mundo, sin distinción de ningún tipo.

Lucha permanente
La visión de los redactores de la Declaración Universal ha inspirado a muchos defensores de los derechos humanos que han luchado en los últimos seis decenios para convertir esa visión en realidad. El actual edificio de derechos humanos internacionales que originó la Declaración Universal debe ser motivo de celebración, pero aún no beneficia a toda la humanidad de igual manera.

La lucha dista mucho de haber concluido. Como guardianes y beneficiarios de la Declaración, todos debemos reivindicar la Declaración Universal de Derechos Humanos, apropiárnosla. Si bien es cierto que tenemos derecho a nuestros derechos humanos, también debemos respetar los derechos humanos de los demás y contribuir a lograr que los derechos humanos universales lleguen a ser una realidad para todos. En nuestro empeño reside el poder de la Declaración Universal: se trata de un documento vivo que seguirá inspirando a generaciones futuras.

Dignidad
La Declaración Universal de los Derechos Humanos exige que se atiendan las necesidades básicas humanas y reconoce el carácter indivisible y la interdependencia de todos los derechos humanos, trátese de derechos civiles y políticos, como el derecho a la vida y a la libertad de expresión,  o los derechos económicos, sociales y culturales, como el derecho al trabajo, la seguridad social y la educación. La mejora de un derecho contribuye al adelanto de los demás. De igual forma, la privación de un derecho tiene efectos adversos sobre los demás. El derecho a disfrutar de todos los derechos humanos es esencial para un vida digna.

Justicia
En el preámbulo de la Declaración Universal se señala que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Se trata de la primera afirmación, que sigue siendo la más importante, de los derechos y libertadas para todos nosotros como seres humanos, sin distinción de ningún tipo.

Los principios básicos de los derechos humanos que se establecieron por primera vez en la Declaración, como la universalidad, la interdependencia e indivisibilidad, la igualdad y la no discriminación son fundamentales para lograr la justicia.

Todas y todos
La Declaración Universal de Derechos Humanos pertenece a todos. Independientemente de donde usted viva, del dinero que tenga, de la fe que profese o las opiniones políticas que tenga, todos los derechos humanos consagrados en la Declaración Universal le corresponden y guardan relación con usted. Fue precisamente la Declaración Universal la que, hace casi 60 años, estableció por vez primera lo que han pasado a ser valores universales en la actualidad: los derechos humanos son inherentes a todas las personas y se refieren a la comunidad internacional en su totalidad. Los derechos humanos conciernen a todos.

 

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